Ladrones de agua

logo wp correoEl humedal esta seco. El agua de Doñana, que ha fluido oculta bajo la tierra en forma de acuífero aflorando en lagunas o lucios con láminas de agua en las que se mostraba en todo su esplendor el espectáculo de la vida natural, empieza a convertirse en una leyenda: la de una Doñana que sobrevivió al afán de producción maderera del dictador Franco pero que ahora están matando de sed los ladrones del agua.

Más de una década lleva la organización ecologista WWF alertando del robo de agua en un ecosistema que tiene en el acuífero su soporte vital. Hace diez años ya hablaban de más de mil pozos ilegales que esquilmaban agua a una Doñana muerta de sed, ante una incredulidad de las Administraciones que ahora reconocen que los pozos ilegales podrían superar los 2.000. Era de esperar que la realidad superase la estimación sobria y prudente de WWF. Ya cuando la administración quiso legalizar los pozos ‘irregulares’ y se abrió el plazo de recepción de documentación, se puso de manifiesto que los ecologistas no estaban tan locos ni eran tan exagerados como les criticaron: se presentaron 935 solicitudes para legalizar pozos en la corona de Doñana.

Pero el agotamiento de las aguas subterráneas que le dan la vida a Doñana no apunta sólo a algunos agricultores (que además perjudican a los que pagan religiosamente por el agua de su regadío y hacen las cosas legalmente). En Matalascañas, la ‘megaurbanización’ playera, no se sabe cual es el montante total de agua que se consume del acuífero.  Una extracción sin control que ha disparado el consumo y a la que se suma el campo de golf, ese que se vendió como ecológico porque iba a depurar aguas residuales para su riego, pero que ha resultado un nuevo engaño, ya que ese compromiso no lo han cumplido hasta este año por primera vez.

Mientras, la marisma este año está seca. Tan poco agua queda en Doñana que en la Estación Biológica (EBD) han saltado las alarmas al ver que las lagunas peridunares están en mínimos históricos. Estas lagunas (Santa Olalla, La Dulce, El Sapo…) que están en las primeras tierras declaradas reserva hace ahora 50 años, se están desecando. Lo que hace medio siglo, en tiempos franquistas se logró evitar por un grupo de naturalistas, que impidieron la desecación con eucaliptos de uno de los espacios naturales más ricos de Europa, se va a producir si nadie lo evita en unos tiempos en los que, paradójicamente, todos somos ecológicos y sostenibles.

Puedes ver el artículo publicado en El Correo de Andalucía en el siguiente enlace: http://blogs.elcorreoweb.es/ecoperiodismo/

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Author: RICARDO GAMAZA

Periodista ambiental desde hace dos décadas en prensa, radio, televisión y blogs. Productor y director audiovisual independiente, escritor y guionista. Escribo periódicamente sobre ecología para Diario Público, Huffington Post, Consumerismo, El Correo de Andalucía, Magacink y Quercus.

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