El nuevo periodismo

Lo que para una oruga se percibe como el fin del mundo, para el sabio se ve como la metamorfosis a la mariposa. Un pensamiento oriental que es más actual que nunca sobre todo en la profesión de periodista. Una profesión que según Gabriel García Marquez es la más bonita del mundo, pero que sin duda está en uno de sus momentos críticos. Estamos viendo como se cierran paulatinamente medios de comunicación (Canal 9, El Correo de Andalucía…) y como se adelgazan hasta límites insospechados las redacciones de los que sobreviven a esta ‘quema’, llevándolos hasta un anorexia profesional en la que se vomitan de las redacciones a los que más y mejor las alimentan: los periodistas veteranos.

periodismociudadanoEstos días en el Congreso Internacional de Comunicación al que me ha invitado la Universidad de Navarra (anfitriona y organizadora del encuentro) he podido hablar con otros compañeros de profesión y aclarar un poco más mis ideas sobre lo que nos está pasando. He notado temor en los más veteranos, que temen ser despedidos gracias al cheque en blanco que tienen las empresas para poner en la calle a los profesionales ‘más caros’ gracias a la Reforma Laboral de Rajoy. El miedo de estos grandes profesionales se acompaña a la intención de mantener el inmovilizo… que nada cambie; que me quede como estoy.

Pero la crisis del periodismo es más profunda y tiene que ver con una pérdida de credibilidad ante la ciudadanía, que debería haber sido siempre el cliente de los medios, pero a la que se le ha ido dano la espalda para acabar convirtiendo el periodismo en la meretriz de las empresas y los partidos políticos porque estos eran los que pagaban la publicidad y han acabado comprando a los medios. Ya no se hacía periodismo para el ciudadano, sino para venderles publicidad a los ciudadanos.

El punto de inflexión de la debacle de los medios ha sido cuando la gente ha empezado a comunicar a través de las redes sociales y le ha rebatado a los medios de comunicación el monopolio del periodismo. El periodismo ciudadano, como se ha dado en llamar a este apasionante acontecimiento, se ve desde las filas de la prensa como un ataque: “Estamos en contra del periodismo ciudadano”, dijo en una reunión en la que yo estaba una compañera y representante de periodistas. “A ver si ahora todo el mundo va a ser periodista”, me han recriminado estos días a mi mismo en Pamplona cuando hablaba apasionadamente de lo que yo considero la democratización de la información.

Creo que esa es una de las claves de lo que nos está pasando. Nos negamos a admitir que la gente puede hacer comunicación de masas gracias a las redes sociales porque el periodista quiere seguir siendo el único capacitado socialmente para ello. Pero hemos perdido ese derecho desde el momento en el que en las redacciones empezó a preocupar más ganar anunciantes que hacer periodismo. Hemos perdido a la gente, a nuestro ciente de verdad, a nuestro jefe. Ahora el periodismo ciudadano, como yo lo veo, no es una amenaza ni el fin del periodismo y de los periodistas, es una nueva oportunidad de crear de nuevo ese lazo, esa relación que nunca debimos perder. ¿Cómo? Incorporando a la ciudadanía en la construcción de los mensajes. Los medios tradicionales, sumidos en el miedo a la desaparición, rezan porque todo vuelva otra vez al punto de origen y se afanan en negar lo que está pasando, como si al negarlo dejase de existir. Aunque  neguemos que la marea sube y nos empecinemos en no mover la sombrilla ni la toalla, la marea va a acabar llevándoselo todo. Por so hay que replantearlo todo. No podemos seguir jugando con las mismas reglas porque el juego ha cambiado. Hay que pensar en digital, que los medios se transformen y conviertan sus redes en espacios audiovisuales en los que la ciudadanía participe. tenemos un corresponsal en potencia en cada persona que tiene un móvil y además tenemos que ganar la confianza de la gente, algo que que a estas alturas y después de haber vendido nuestra ética profesional por módulos y spots, sólo conseguiremos si sumamos a la ciudadanía al proyecto.

El nuevo periodismo que creo que acabará por imponerse será el periodismo que sume lo que graban los ciudadanos, lo que tuitean, lo que ven y oyen… y el periodista será el que procesará toda esa información en un mensaje coherente, explicativo, ordenado y contextualizado.

Estamos ante un momento duro, porque todos los cambios sistémicos lo son; pero también es un momento apasionante en el que deberíamos dejar de ser las orugas de la comunicación que han reptado y comido de las hojas de la publicidad, para elevarnos del suelo y volar acompañados de nuestras grandes alas: la ciudadanía. Sin periodismo no hay democracia, como dice el lema de mi asociación profesional de periodistas, pero lo que es seguro es que si no logramos democratizar el periodismo tampoco habrá periodistas.

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Author: RICARDO GAMAZA

Periodista ambiental desde hace dos décadas en prensa, radio, televisión y blogs. Productor y director audiovisual independiente, escritor y guionista. Escribo periódicamente sobre ecología para Diario Público, Huffington Post, Consumerismo, El Correo de Andalucía, Magacink y Quercus.

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