¿Sabes dónde va a parar el aceite que cambias de tu coche?

Lubricante industrial. Foto: SIGAUS.

Forman parte de nuestra vida cotidiana cuando utilizamos turismos, motocicletas, vehículos comerciales o electrodomésticos, pero también son esenciales en muchas actividades empresariales, desde el transporte de mercancías y personas, maquinaria de obra y construcción, a toda la industria en la que se utilizan compresores, turbinas, transmisiones o engranajes. Los aceites industriales son tan necesarios como contaminantes. Durante su utilización, estos lubricantes se degradan originando sustancias peligrosas y metales pesados que se producen por la exposición a altas temperaturas y presión dentro de los motores, máquinas y procesos donde se utilizan.

En 2007 se creó en España SIGAUS, el Sistema Integrado de Gestión de Aceites Usados, que recoge y trata el aceite usado

Para hacerse una idea del alto poder contaminante de los aceites usados sirve una comparativa: 2 litros de lubricante contaminarían de manera irreversible 2.000 metros cúbicos de agua, la misma cantidad que contiene una piscina olímpica. Por eso desde 2007 se creó en España SIGAUS (Sistema Integrado de Gestión de Aceites Industriales Usados), una entidad sin ánimo de lucro que garantiza y financia la recogida selectiva de estos materiales, así como su tratamiento final.

De hecho, los aceites industriales una vez usados son reutilizables en su totalidad a través de los tratamientos disponibles actualmente en España: la regeneración, que permite obtener aceites base para formular nuevos lubricantes, y el tratamiento para fabricar un combustible de uso industrial, alternativo al fuel óleo. De esta manera, gracias a su reutilización se le da la vuelta a la ecuación de la contaminación porque por cada 7,5 litros de lubricante tratado mediante valorización energética se obtiene la electricidad que consume un hogar medio durante todo un día.

La Comunidad de Madrid,  Cataluña y Andalucía son las tres comunidades autónomas con mayor consumo de aceite industrial en España

Para la descomunal tarea de recuperación de estos residuos, SIGAUS recorre miles de kilómetros en una operación titánica en la que se llevan a cabo miles de operaciones de recogida de aceites usados. La mayoría de los puntos productores son talleres mecánicos donde la concienciación ambiental ha calado profundo desde 2007, si bien se trata de una obligación legal.

La dispersión de los puntos a los que hay que acudir a recuperar estos aceites industriales es una de las mayores dificultades para este reciclaje.

¿Y después de recoger el aceite usado del establecimiento… qué pasa? Pues Sigaus los transporta a centros de tratamiento donde en un primer estadio lo revaloriza. Gracias a este tratamiento, que consiste en un refino del aceite usado para eliminar agua, sedimentos, metales pesados y otros compuestos químicos, se obtienen nuevas bases lubricantes que se aplican en la fabricación de nuevos aceites industriales, retornando el residuo al inicio de su ciclo de vida, en lo que constituye un perfecto ejemplo de “economía circular”. Este proceso sustituye a la fabricación de lubricantes mediante el refino del petróleo, generando, además, menos CO2 y gastando menos energía que éste.

Otra de las vías de tratamiento del residuo es la valorización energética, proceso con el que se fabrica combustible de uso industrial, y que es utilizado en grandes hornos en cementeras, papeleras, materiales de construcción o en centrales térmicas de cogeneración eléctrica.

#soyGreenfluencer

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Author: RICARDO GAMAZA

Periodista ambiental desde hace dos décadas en prensa, radio, televisión y blogs. Productor y director audiovisual independiente, escritor y guionista. Escribo periódicamente sobre ecología para Diario Público, Huffington Post, Consumerismo, El Correo de Andalucía, Magacink y Quercus.

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1 Comment

  1. El retorno del aceite usado, adecuadamente tratado, al circuito de fabricación de nuevo aceite lubricante, es un ejemplo de economia circular, redunda en la reducción de emisiones de efecto invernadero, el carbono contenido en esos aceites vuelve al ciclo industrial, evitando su emisión en forma de CO2. Pero la opción de la valorización energética está en clara contradicción con los objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, causa del cambio climático y mantiene el modelo de producción ligado a los combustibles fósiles, pues ese aceite mineral, en última instancia, procede del petroleo. Si se acepta que la lucha contra el cambio climático es una prioridad urgente, tal como se ha planteado en la última cumbre de Bonn, de 27 de noviembre de 2017, debería extenderse también a los procesos de tratamiento de los residuos peligrosos, como el aceite usado, primando principalmente aquellos que no generan emisiones de estos gases y limitando, o mejor aún prohibiendo, aquellas que si contribuyen al calentamiento global, pues la alternativa existe, es viable económicante y redunda en la conservación de un recurso limitado, apto para su nuevo uso. Hay que recordar que las reservas de petroleo, de las que se obtienen los aceites lubricantes y otros productos (como los plásticos), también son finitas. La actual cultura de usar y tirar (o quemar, que viene a ser una forma de tirar con aprovechamiento energético y emisones de CO2), debe cambiar de modo radical, para el bien de nuestro planeta, que es el único hogar que tenemos.

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